cuento la pelota azul

[A los ocho meses de su concepción nace Chicharro en Madrid, un año después que Salvador Dalí, es decir en 1905, en la calle de Ayala un 13 de julio. Piedras recorren trayectorias paralelas a la de la pelota. Marca con una X las frases sobre lo que ocurre en el cuento. Pasan dos curas más, dos o tres perros más, un potro, figuras que son bultos, que son envoltorios de ropas, una vaca, un pato, murciélagos, aves extrañas por los aires, una cosa negra, más ráfagas, algo como rodando aprisa. En síntesis, algo semejante a como puede entreverse el cielo del atardecer si se mira a través de los párpados entornados. En sus dos casquetes ostentaba el mismo azul unido, tierno e intenso a un tiempo, pastoso, matizado por esa imponderable pátina que con el tiempo acaba por adquirir la pintura. ENVÍO GRATIS en 1 día desde 19€. Va a marcharse ya cuando uno de los mozos, viendo la pelota en la mesa, se la entrega y le dice que la tire al corral de su casa, la del mozo, para que al día siguiente la encuentren los chavalines. Guardia y estudiante se contemplan, preguntándose si hay algo de común entre ellos. Descuentos en libros, últimos títulos publicados y mucho más. La ni– a de la pelota azul estaba feliz con tantos autos. Arde también un pajar inmediato. Al cabo de cierto tiempo el fuego puede ser reducido, pero corre la voz de que otro edificio arde al lado opuesto del pueblo y que fueron los mozos los incendiarios…. Al alejarse, se oscurece y se achica, devorada por los márgenes convergentes de la carretera y por el cielo inmenso, combado, en el que brilla un mar de estrellas. Salta ésta escalones abajo arrastrada por los que salen, primero los personajes, detrás de los mozos que los empujan. Blog creado con Blogia. A Celestino le regalan aviones azules, duerme en una cama azul y juega al fútbol con pelotas azules. En medio de la zozobra, el susto, la interrogación, muchos ojos se vuelven hacia poniente, a la línea oscura de los montes por donde empieza a desaparecer una luna enorme, color naranja de brasa. Así permanecen algunos segundos, hasta que uno de los de delante hace un brusco quiebro con el cuerpo y golpea fuertemente el suelo con el pie, al tiempo de darse una palmada en el muslo, resoplando entre dientes como se hace para espantar a un perro. Mientras maquinalmente le quita el polvo con la manga, les espeta un «¡Cerdos!», y, mientras se lo encasqueta, añade un «¡Me las pagaréis todas juntas, canallas!» Como nadie le contesta, echa a andar por su camino. Un perro se acerca a la pelota, la husmea y le da medio lengüetazo, después se orina en la puerta del edificio. Sin saber por qué, se acuerda del primer hecho mágico de aquella noche: la pelota llovida de los cielos en su cuarto. Cuentos de Globos Había una vez… un grupo de profesionales y autores independientes que habían decidido ayudar a recopilar, en un sólo lugar, literatura y material de todas las épocas, para padres -que en algún momento habían sido chicos- e hijos que, mediante la lectura, se convertirían en algún momento en mejores padres. Los niños cuentan: son apenas las nueve de la mañana. (3) Pero, incluso esto me parece una cuestión relativa: lo más importante es que defiende una poética muy original, según se aprecia en sus manifiestos y poemas: la de la euritmia. Uno de ellos la ve, tal vez la recuerda, duda un momento y se la lleva escaleras arriba. Para hacerse una idea de la importancia de este movimiento bastaría recordar que, recientemente, el 16 de junio de 1999, la Fundación Duques de Soria de Barcelona dedicó una jornada al mismo, bajo la dirección de Pere Gimferrer, en el pabellón Mies van der Rohe, en la que se reunieron, entre otros: Camilo José Cela, Pilar Gómez Bedate, Paco Nieva, Jaume Pont, Joaquín Soler Serrano, Antonio Fernández Molina, Martínez Riquer y Ernst Lluch. Llega por fin el médico, entonces vuelven a enviar al chico, esta vez a casa del herido. Era una pelota azul, aunque no totalmente. La pelota no vuelve a entrar en el cuarto del estudiante; rebota en la pared y va a parar de nuevo, segunda broma del azar, a la carreta de bueyes. Cuando los niños despiertan, corren a la cocina, al vasar. Todo el mundo está en la calle. Ahora, inexplicablemente, se encuentra en la calle, en el empedrado sucio y sin acera. Penosamente se levanta éste y la busca a su alrededor, debajo del carro, hasta que renuncia a encontrarla y sigue por su camino. Todos permanecen mudos, rodeando al cuerpo tirado, que allí queda con la correa al cuello, la negra ropa cubierta de polvo y la cara ensangrentada. Hay confusión. Tampoco los niños han hallado su pelota. No tan sorprendido como el estudiante, pero sí tan enojado, la recoge y la arroja de nuevo a la calle a través del mismo balcón. Nadie sabe lo que fue. Así, antes de que esto ocurra, la pelota parece consolidar su estructura física, cerrar su grieta, agrandarse, distenderse. La pelota azul -Cuento de Eduardo Chicharro– Era una pelota azul, aunque no totalmente. Mientras se atiende al herido como se puede, los otros de abajo, los que no caben arriba, beben. Los mozos pasan el rato, no se van a dormir, no se van a la taberna, no se van al prostíbulo, no se sabe qué hacen allí. prestar la pelota azul, así que le pegó a uno de ellos para conseguirla. Un mozo se la salta, otro se sienta encima. El rojo de la lista central, de siete milímetros, era bermellón rabioso, un tanto ensombrecido por la referida pátina y los diversos contactos que acabamos de enumerar. Guía Bibliográfica del Esoterismo. Pálidamente, empieza a amanecer. Un chico, que va abrochándose los pantalones, corre a avisar al médico. Los niños salen corriendo en su busca. Libro nuevo o segunda mano, sinopsis, resumen y opiniones. «Ya está bien», sentencia el de la navaja. TETRALOGIA: LA PELOTA AZUL; UN PACIENTE POCO PACIENTE de EDUARDO CHICHARRO. Está desierta y silenciosa, y así sigue durante algún tiempo, hasta que dos hombres la cruzan. Inmediatamente se la pasan entre ellos. Pero los mozos le cierran el paso. Tiene una cuchillada en el muslo, se está desangrando. Se forman corrillos en todas partes, hasta que un nuevo resplandor atrae a todos hacia la plaza principal. Llevan garrotes, piedras. ¿Tú primera visita a esta página?. No hay luz, no unos pañales tendidos en las cuerdas de las solanas. Blog, o página "huevo", o dietario, o avispero, o bitácora, o paraje del escritor, editor y artista plástico Raúl Herrero. Comentan, discuten, se insultan, y la pobre pelota, siguiendo su predestinación de bólido, sale disparada, a través de uno de los balcones. Descubre la pelota. Su nombre, un mote y algunos calificativos, mezclados con palabras sentenciosas, se cruzan por lo bajo. Se lo cargan al hombro, le empujan hacia arriba. Ya no cantan. Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras. Gertrudis se puso muy triste al darse cuenta de que no querían jugar con ella. Un borracho que pasa recoge la pelota azul, tiznada, manchada, algo rajada. El río era muy peligroso, pues raro era el año que no se ahogara alguna persona en él. Los personajes no pueden acudir, ya que se hallan malheridos o fuertemente contusos, impresentables. Sigue siendo de noche. Junto a la pelota pasa un perro, sin detenerse. También es inmenso el silencio, y es inmenso el campo alrededor de la pelota. Cuentos: " La pelota azul" Erase una vez un niño gordito, un niño pequeño y gordito, no mucho, pero gordito. Poética de la euritmia(1) Eduardo Chicharro es conocido en la poesía española del siglo XX sobre todo por ser el creador del Postismo, movimiento estético-literario de vanguardia de posguerra. Precisamente junto al segundo funda, a principios de los años 50, la revista Ambo que, como las anteriores Postismo y La Cerbatana, sólo verá un número. Los hombres pierden cosas que sus semejantes no alcanzan a comprender cómo pueden perderse. LA PELOTA AZUL - Una ciudad se llena con tantos autos, que sus calles deben ser ensanchadas y sus parques transformados en estacionamientos. En los cuatro años de la década de los 60 que vivió disminuye su producción, se entrega a infinitas correcciones. Los dos guardias consideran el destrozo de muebles, cortinas y cristales. Uno ha encontrado la pelota. Tal vez falta poco para que la aurora aparezca. Libros y Publicaciones. Tras vivir en Roma desde 1913, con excepción del tiempo que pasó en su país en torno a 1925 enzarzado en el servicio militar, o en ciertos viajes por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Austria, regresa a España, con su esposa e hijos, en 1943. Uno de los de atrás se agacha a recoger un canto. Está rajada. Se meten por una de las bocacalles, la más amplia. El personaje se ha detenido, también los mozos. A mi manera de ver, como he dicho otras veces, Chicharro pertenece a la línea castellana del Postismo, dominada por la visión espacial, lo pictórico y lo mágico, frente a la andaluza, representada por Ory, básicamente sonora y onírica. Es de noche, la luz mortecina de un farol la hace apenas visible. En esto tropieza y cae. Pesaba más que regular, si se considera que estaba hueca, y su dureza era todavía suficiente para que, arrojada con fuerza contra el suelo, pudiese saltar hasta cinco o seis metros de altura. Dentro nada tenía: ni pequeños guijarros, como otras de celuloide, llevan ni cascabeles, ni menos estopa, trapo, crines o serrín, aunque tampoco fuese rigurosamente exacto decir que no contuviese nada. Arranca el cuerpo del personaje a sus verdugos y lo deja caer al suelo. Todavía hay allí un guardia. Estás leyendo un weblog, también llamado blog y bitácora. Por fin se arriesgan algunos, se reúnen en la plaza principal, se dirigen al edificio de la lucha. Se les abre. Discuten entre sí, como si deliberasen. Los padres sabedores de lo peligroso que era, siempre les aconsejaban a sus hijos que no se bañaran en él, si no Blog del periodista y escritor Anton Castro, La regla del juego: Nuevo blog de Fernando Arrabal. El revuelo es mayúsculo. Los niños, en sus camitas, se han dormido ya de día. La parte azul, de tono más sosegado, se exaltaba por la presencia de las líneas blancas y roja, éstas hacían lo propio entre sí, y a las tres les sucedía otro tanto gracias al azul. Llega a la calle entre los pies de unos y otros. Se voltea el año 1944 cuando Chicharro conoce a Carlos Edmundo de Ory en el café Castilla y deciden fundar el Postismo en compañía del italiano Silvano Sernesi.Cuando el grupo se disuelve, Eduardo mantiene amistades cercanas al ismo, como Ory y Francisco Nieva, con los que seguirá colaborando. El estudiante apenas si hace el indispensable movimiento de separar las piernas para que la tinta no le gotee en los pantalones. Está cerrada. Ahora bien, el sitio adonde ha ido a parar la pelota es una plaza extensa, irregular, en la que desembocan cuatro calles desiguales, dos de ellas en ángulo agudo, y una quinta, cuesta abajo, empinada y escalonada. Todos se callan, le miran. Queda el pueblo desierto, sumido en sepulcral quietud. Por muy extrañamente casual que pueda parecer, el proyectil acierta a colarse entre el bastidor y los cristales rotos del vano. Se oye sólo el silbido intermitente de los sapos y, de cuando en cuando, el de las ráfagas a través de los cardos secos. Algunos parecen los mozos de antes. Hay luna; sólo a intervalos se deja ver. Ya que el tiempo nadie sabrá con certidumbre si lo ha perdido, y más atinado resultaría concebirlo como empleado o gastado en detrimento de otras cosas que pudiéramos haber resuelto mientras estamos charlando, tumbados, cantando o haciendo el amor –apreciación muy relativa, por cierto, sea para lo que fuere. Nadie parece mirarlos con curiosidad a pesar de ser ellos los de la pelota. Hasta que el sentado, el de la navaja, se levanta y va a quitar la pelota a los otros mozos. No lejos, yacen también el sombrero, el bastónvaina y la pelota azul. Se dirigen a un edificio público, no se sabe si ayuntamiento, audiencia o qué. Hasta el ruido de la carreta se perdió. No se caen, no se escurren, simplemente se olvidan en cualquier sitio. Por último, dice el de la navaja «¡Hala!», y se aleja seguido de los demás calle adelante. De los demás habitantes, nadie se atreve a moverse. Alguno la reconoce. Estaba llena de aire comprimido, y de olor a goma. El estudiante ha podido entrever cómo el proyectil de goma salía por el balcón. Precisamente junto al segundo funda, a principios de los años 50, la revista, sólo verá un número. Como consecuencia la ciudad se hunde en el ruido, la contaminación y el caos, y llega el día en que ya ningún auto pued Oye ruido y ve rodar la pelota. Y mientras uno trepa al farol, otros pasan una correa, la del propio agredido, por el cuello de un hombre agotado o tal vez muerto. Corren a la plaza, se cruzan con el basurero, la lechera, el alguacil, el perro cojo de la inclusa. Con frecuencia se extravían objetos de manera incomprensible. Su tamaño no era ni grande ni pequeño. Sin embargo, cada día sus amigos querían jugar menos con ella, pues pegaba mucho. Juguetean: a empellones, puñadas, puntapiés. Hasta remontarse. Es la de un estudiante que en ese momento no sabemos si ha de habérselas con las diofánticas o con alguna rima rebelde, pues la hoja en que escribe se halla parcialmente cubierta de signos dispuestos en columna. Golpean a la puerta, llaman a voces. Los demás ríen, canturrean, charlan, alborotan, fuman, escupen, pronuncian palabras soeces, dichos soeces, algunos lascivos, hablan de los balcones de mozas o señoritas que duermen en sus casas, hacen alusiones obscenas, les brillan los ojos. A Celestino le regalan aviones azules, duerme en una cama azul y juega al fútbol con pelotas azules. Suben al herido a casa del tabernero. Libro nuevo o segunda mano, sinopsis, resumen y opiniones. Hay funcionarios reunidos, guardias que interceptan el paso. La han lavado con agua y jabón. Todo el mundo le dice que es el más azul de todos los niños y que se casará con la más rosa de todas las niñas, ¡como debe ser! Regresa una pareja de guardias, van a entrar en el edificio.

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